ODA nace de la memoria. 

De una relación cercana con el cuero, presente en nuestra infancia, a través de los objetos, los espacios y el oficio que nos rodeaba. 

De zapatos, cajas y depósitos. 

De la textura y las marcas de una materia hecha para durar. De los objetos que atraviesan el tiempo, de las manos que transforman la materia. El cuero quedó en nuestra memoria como algo más que un material. 

Como una materia ligada al tiempo, al trabajo y a aquello que permanece. 

ODA es herencia y presente. 

Es la fuerza de lo que perdura. 

Es el peso noble de lo real. 

No seguimos modas. Creamos símbolos. 

Creemos en lo que se siente vivo: 

El cuero que respira. 

La lana que abriga. 

El oficio que late. 

ODA nace de aquello que conocemos y recordamos, pero busca transformarlo en algo propio. 

A lo femenino que se impone suave pero firme. 

A lo que vuelve a la raíz para proyectarse distinto.